Todo comenzó cuando empecé a adentrarme en los 17 años, ya en último año de preparatoria, y lo conocí a "él". El que me enseñó a "comunicarme con mi cabrona interior"...
Su nombre es Armani, aún siendo yo una niña, de 16 años; le ví, y quedé paralizada ante su estilo. Ése chico alto, delgado, que portaba lentes, alejado de la realidad, perdido, freak. ¡Me fasinó a la primera!
Pasó el tiempo y nunca tuve contacto alguno con él, nunca llegué siquiera a un "Hola, ¿que tal?"
No me aferré a conocerle y pensé "Bueno, si el destino quiere que le conosca, entonces sucederá, si no, no... Al fin y al cabo saldré de la escuela y nunca más le volveré a ver" Ese fué entonces uno de mis pensamientos más acertados, el no tener deseos pasionales de conocerlo y estar con él, a aferrarme, sobre todo.
Había llegado entonces al último año, y mis deseos fueron consedidios como por arte divino. Eran repetidas las veces que le veía pasear fuera del colegio, platicando con mis conocidos, buscando como un felino a su presa y sobre todo, como la más tonta que se dejó vencer fui yo.
Consiguió mi Messenger de una u otra forma, charlamos, normal, simuló que no me conocía, que casi no sabía de mi persona, ¡Mentiras! sabíamos perfectamente que ya nos habíamos topado.
A los pocos días, le vi de nuevo a la salida del colegio, dudaba de acercarme, ya le conocía, pero estaba nerviosa, estaba a punto de marcharme a casa. Pero de pronto, antes de hacerlo solté todas mis cosas, dejándolas caer al suelo, y me acerqué, nos saludamos de beso en la mejilla y me acompañó camimando a casa...
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